La música y la cultura en Mallorca están de luto, pues Mobofest dice adiós después de diez inolvidables ediciones. Este festival, que nació en 2017 en el Puig de Consolació, en Sant Joan, ha sido más que un simple evento; ha sido una auténtica familia para muchos. Mariona Jaume, la directora del festival, nos cuenta cómo se sienten ante esta despedida tan significativa. «Estamos nerviosos y emocionados. Volver al lugar donde todo comenzó es muy especial, pero también hay una sensación de liberación porque sabemos que hemos hecho lo mejor posible», confiesa.
Un cierre lleno de emociones y reflexiones
A medida que hablamos, Mariona refleja sobre la evolución del festival: «Hemos crecido juntos. Empezamos siendo jóvenes llenos de sueños y hoy somos adultos con otras responsabilidades». Y es que el tiempo pasa para todos, y las prioridades cambian. Lo cierto es que han decidido terminar este proyecto mientras aún está sano y vibrante; no querían esperar a que las cosas empeoraran. «Queríamos irnos en un buen momento», añade.
Pero no todo ha sido fácil. La decisión fue tomada tras largas conversaciones entre los organizadores. No ha habido problemas económicos detrás de esta despedida; al contrario, Mobofest se sostiene gracias a la venta de entradas y al apoyo de instituciones públicas como el IEB y patrocinadores privados. Sin embargo, el esfuerzo emocional es inmenso: “Dedicamos horas durante todo el año”, explica Mariona.
A lo largo de estos años, Mobofest ha brindado una plataforma invaluable para músicos locales e internacionales. Ha cultivado un público fiel que confía plenamente en su propuesta artística: “Hay quienes compran entradas sin saber quién actuará porque creen en nosotros”, dice con orgullo Mariona.
Cada edición ha dejado huella: desde conciertos memorables hasta momentos épicos como aquel año en que la tormenta casi ahoga el evento mientras Cariño tocaba en medio del relámpago. Ahora se preparan para cerrar con broche de oro junto a Antònia Font, mezclando talentos locales e internacionales por última vez.
Aunque nos deja un vacío difícil de llenar, queda la esperanza de nuevas iniciativas culturales que surjan a raíz del legado dejado por Mobofest. La música nunca muere; solo evoluciona.

