Este lunes, a primera hora de la mañana, un grupo de buzos y arqueólogos se adentró en las aguas del Mediterráneo, justo frente al antiguo humedal de Ses Fontanelles. Con una misión clara en mente, descendieron a unos 65 metros bajo el agua para descubrir lo que había permanecido oculto durante siglos. Allí, entre las olas y el murmullo del mar, les esperaba una sorprendente porción de madera que data del siglo IV: las tracas del casco de babor de un barco romano. El arqueólogo Miquel Àngel Cau no pudo contener su emoción: “Es un día histórico, hemos salvado un barco que estaba en peligro”, comentó con una sonrisa.
Un tesoro rescatado del olvido
La extracción comenzó meses atrás y este fue el gran colofón. La pieza, que mide alrededor de 12 metros de eslora y dos de manga, fue cuidadosamente levantada con la ayuda de globos destinados a reflotar la delicada estructura. En cada movimiento se palpaba la tensión; cada detalle era crucial para asegurar que esta joya no se dañara en el proceso. Mientras tanto, los bañistas despreocupados disfrutaban del sol sin saber que algo extraordinario estaba ocurriendo bajo sus pies.
A medida que la lancha remolcaba lentamente el valioso hallazgo hacia la costa, uno no podía evitar sentir una mezcla de orgullo y emoción por este rescate arqueológico. A las 8:30 horas llegó al puerto donde un camión-grúa esperaba para llevarlo al Castillo de San Carlos, donde permanecerá durante más de un año para su desalinización. Sin duda, este es solo el comienzo; Ses Fontanelles ha demostrado ser un verdadero tesoro para nuestra historia marítima.

