En el corazón de nuestra cocina, hay platos que cuentan historias, y uno de ellos es el frit de sang. Este manjar se preparaba con la sangre del cerdo durante las matanzas, un ritual que ha ido desapareciendo con el tiempo. Hoy en día, muchos optan por utilizar sangre envasada, pero la esencia sigue siendo la misma.
Un Plato que une Culturas
La tradición culinaria tiene su propio idioma. Mientras que cristianos, agnósticos y ateos no ven problema en consumir sangre, para los musulmanes y judíos es un asunto delicado. En sus textos sagrados se respeta la sangre como símbolo de vida. Pero aquí, en nuestras cocinas, nunca hemos tenido reparo en usarla. La encontramos en arroces, botifarrons y también en este frit que poco a poco ha cedido protagonismo al frit de matanzas.
¿Te animas a probarlo? Necesitaremos unos ingredientes sencillos: sangre de cerdo, ajo, hojas de laurel, grells (los tiernos brotes), pimientos rojos, patatas y un toque especial con hinojo. Lo primero es recoger la sangre tras sacrificar el cerdo; eso sí, sin olvidar reservar un poco para los embutidos.
En una cazuela de barro calentamos aceite y añadimos ajo y laurel. Cuando todo esté bien caliente, incorporamos la sangre junto a sal al gusto. Cocemos a fuego lento hasta que espese; esto puede llevar unos 30 minutos dependiendo del calor del fuego. Para saber si está lista podemos usar un palillo; ¡si sale limpio estamos listos!
Una vez cuajada la sangre, llega el momento del frit. Con suficiente aceite doramos los grells cortados finitos junto con pimientos rojos picados. No olvides las patatas troceadas para añadir textura y sabor. Una vez todo esté listo lo mezclamos junto con la sangre ya cocida y terminamos con ese hinojo fresco picado fino.
Al final solo queda dar unas vueltas para mezclar bien todos los sabores y ajustar sal y pimienta al gusto. Servido caliente es una explosión de tradición que nos conecta con nuestras raíces más profundas.

