En el corazón de Andalucía, dos ciudades que suelen ser rivales en el fútbol, Málaga y Almería, comparten un capítulo sombrío de la historia española. La Desbandá es un nombre que evoca escalofríos a quienes conocen su significado. Todo ocurrió en febrero de 1937, cuando el bando nacional entró en Málaga y miles de personas, entre ellas niños, mujeres y ancianos, se vieron obligados a abandonar su hogar en una huida desesperada hacia Almería.
Una travesía llena de dolor
Con sus escasas pertenencias al hombro, aquellos malagueños tomaron la carretera N-340. Esa misma vía que hoy día nos ofrece vistas del mar y momentos para inmortalizar con fotografías era entonces un camino de horror. En medio del caos, los aviones del bando nacional comenzaron a bombardear sin piedad a los civiles que intentaban escapar. Nadie sabe con certeza cuántas vidas se perdieron ese día; se habla de cifras entre 4.000 y 5.000.
La llegada a Almería fue devastadora; la imagen de padres llorando por sus hijos fallecidos y abuelos exhaustos por el esfuerzo sigue grabada en la memoria colectiva. Esos rostros marcados por el sufrimiento deben resonar hoy en la previa del partido entre ambos equipos. Porque más allá del fútbol, hay historias que nos conectan como seres humanos.
A medida que el balón ruede esta tarde, recordemos lo que realmente importa: nuestra historia compartida nos enseña lecciones valiosas sobre la solidaridad y la empatía. Y aunque este partido despierte pasiones intensas, es fundamental no olvidar lo vivido por nuestros antepasados; con cariño dedico estas palabras a mi Abuela Pepa, quien me habló de La Desbandá mientras yo aún era un niño.

