Aina Ferrero Horrach, una apasionada doctora en Historia del Arte, ha dado voz a una preocupación que muchos sentimos: los museos deben dejar de ser espacios solemnes y elitistas. En su reciente ensayo titulado ’12+1 herejías museológicas’, plantea que la llegada del Thyssen a Palma sería como transformar la cultura en un McDonald’s, donde lo único que importa es replicar modelos comerciales sin alma.
Un cambio necesario
Durante su investigación, Aina se preguntó a la gente qué les evoca un museo. Las respuestas fueron reveladoras: aburrimiento, silencio y, en el mejor de los casos, aprendizaje. Pero nadie mencionó el disfrute o la conversación. Ella misma lo compara con entrar en una catedral; un lugar donde todos son meros espectadores. Con este libro, busca cambiar esa narrativa y propone 12+1 antimandamientos para repensar cómo deberían ser estos espacios culturales hoy en día.
“Los museos tienen que abrirse al público”, asegura Aina. “En Mallorca hay pequeños museos locales que están haciendo un gran trabajo para hacer la cultura accesible”. Sin embargo, critica duramente las políticas culturales actuales del Govern balear y del Ayuntamiento de Palma. “La idea de traer colecciones ajenas no aporta nada; cada museo debería resaltar su singularidad”, dice con firmeza.
Con sus antimandamientos, desde ‘no aburrir al visitante’ hasta ‘no adorar el museo como un templo’, Aina nos recuerda que los objetos no deben estar por encima de las personas. En un mundo donde los turistas pueden ver lo mismo en cualquier capital del planeta, ella aboga por una experiencia auténtica y comunitaria. Al final de su libro, propone transformar el museo en una plaza donde se converse y se escuche.
Aina tiene claro que si queremos atraer a aquellos que sienten aversión por visitar museos, necesitamos programaciones significativas y actividades inclusivas. “Es fundamental crear vínculos emocionales desde las escuelas hasta las universidades”, concluye con esperanza.

