En su última novela, ‘Maldecir el amor’, Paula Ramos da un giro a la idea tradicional del amor romántico. Con una protagonista que se acerca a los 30 años y que ha decidido no creer en el amor, Ramos nos presenta a Anne Prescott, quien tiene su vida bien organizada, pero que de repente ve todo su mundo tambalearse cuando se encuentra con Miss Fire, una versión moderna de Cupido, vestida de rojo y dispuesta a desmantelar prejuicios sobre enamorarse.
El amor no está reñido con la independencia
A través de esta historia llena de humor y referencias a los 2000, Paula juega con la idea del antirromance. “Quería escribir algo divertido, algo que hiciera sonreír”, dice. Sin embargo, también hay un trasfondo muy serio: la percepción de que una mujer empoderada no puede estar enamorada. “Anne piensa que si se enamora, pierde su fuerza. Pero Miss Fire le muestra que el amor puede coexistir con la independencia”, explica la autora.
Ramos se siente más identificada con Miss Fire: “Siempre he creído en el amor como motor del mundo”. Y aunque haya pasado por desengaños, sigue defendiendo esa idea. La escritora asegura que busca originalidad en sus historias porque está cansada de leer siempre lo mismo. “A veces parece que las novelas solo cambian de escenario o nombre”, reflexiona.
Ahora, ante el éxito creciente de su obra, Paula prefiere centrarse en lo siguiente que escribirá. “Cuando me dijeron que íbamos a segunda edición en una semana, pensé: ‘¿Es en serio?’ Estoy muy agradecida por poder seguir creando y por la comunidad tan maravillosa que tengo.” Ella sabe apreciar cada mensaje y cada comentario de sus lectoras.
Y mientras habla sobre los detalles mágicos incorporados en ‘Maldecir el amor’, como ese teléfono rojo colgante –que simboliza un nexo entre Anne y Miss Fire– queda claro que para Paula cada pequeño elemento cuenta. Al final del día, es este enfoque fresco e íntimo lo que ha conectado tanto con sus lectores.
Así es como Paula Ramos continúa rompiendo moldes en el mundo literario; recordándonos a todos nosotros que podemos amar sin renunciar a nuestras alas.

