Rodrigo Cuevas, aquel niño que de pequeño recorría las calles de Oviedo saludando a todos tras pasar el verano en León, está de vuelta en la ciudad que lo vio crecer. En una mañana soleada de abril, el cantante se pasea por los rincones de su infancia, justo a unos días del inicio de su esperada gira «La Belleza», que comenzará este viernes en el Pabellón de la Magdalena en Avilés.
Un regreso lleno de recuerdos
Cuando era un guaje, Rodrigo disfrutaba de esos veranos en Rodiezmo, y al regresar a Oviedo no podía evitar saludar a todo el mundo. Su madre siempre se desesperaba por ello. Ahora, años después, ese mismo cariño sigue presente. Mientras camina por el Naranco o se detiene frente a la Escuela Municipal de Música, es bombardeado con piropos: «¡Eres un lujo!», «¡El artista más grande!». Y él responde con una sonrisa: «Lo llevo muy bien; la gente es muy cariñosa y me encanta saludar como lo hacía en mi pueblo».
A medida que avanza por Oviedo, cada rincón despierta memorias entrañables. Desde las aulas del Parque Infantil hasta los días pasados junto a su güela en Llaranes, Rodrigo recuerda momentos clave: «Era un cole familiar donde aprendí tanto sobre naturaleza como música». Se ríe al recordar su primer grupo musical llamado Pentagrama y aquellos fracasos infantiles: «Teníamos un hit que se llamaba ‘Sarajevo’, pero Teresa Rabal no nos cogió… ¡mal!».
Con nostalgia saca su móvil para mostrar un viejo vídeo donde aparece con una cartulina con la letra R; entonces solo tocaba la flauta dulce mientras alimentaba su amor por la naturaleza corriendo por los montes o trepando árboles. La música llegó más tarde cuando entró en la Escuela de Música; allí descubrió su pasión por el piano y conoció a figuras que marcaron su camino profesional.
A pesar del desánimo inicial, ya que tocar a Mozart le parecía aburrido y quería algo más emocionante, encontró dirección gracias a sus profesores y comenzó un viaje hacia lo desconocido que le llevaría incluso hasta Barcelona. En esa ciudad comenzó a cantar por necesidad económica mientras tocaba en las calles.
Hoy regresamos al presente con Rodrigo ansioso por compartir su arte. Este fin de semana promete ser especial: habrá cuatro toneladas de panoyas decorando el escenario y una escenografía que celebrará la esencia asturiana. Antes de despedirse frente al Conservatorio dice con picardía: “Esto va a ser un sarao grandísimo”.

