El productor y director del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, Jesús Cimarro, ha sido distinguido con el Max de Honor 2026, un galardón que la SGAE otorga por primera vez a un empresario teatral. Este reconocimiento, que se entregará el próximo 1 de junio en el emblemático Teatro Romano, es mucho más que un simple premio; es un tributo a una trayectoria marcada por la lucha y la pasión por las artes escénicas.
Un camino lleno de desafíos
Cimarro, nacido en Ermua, Vizcaya en 1965, ha definido su labor como una batalla constante. “He estado al borde de la ruina”, confiesa con sinceridad. Sin embargo, lejos de rendirse, ha defendido siempre el papel crucial del productor. “Mi misión ha sido poner los recursos para que las locuras de los artistas se pudieran llevar a cabo dentro del presupuesto”, afirma con orgullo.
Este premio no solo reconoce su esfuerzo personal, sino que también pone en valor una figura muchas veces ignorada en el mundo del teatro. El presidente de la SGAE, Antonio Onetti, subrayó que este galardón marca un hito importante al reconocer a alguien cuya carrera ha estado ligada al apoyo incondicional de la autoría española y al respeto por los derechos de autor.
Desde 1988, Cimarro dirige Pentación Espectáculos, empresa que cofundó junto a grandes nombres del teatro español. Con más de cuatro décadas dedicadas al arte dramático, ha demostrado ser una pieza fundamental en este engranaje cultural.
Mérida: El escenario perfecto para recibir el homenaje
La elección del Teatro Romano como sede para la entrega tiene un significado especial para él. “Mérida es la esencia del teatro”, dice emocionado. Desde 2012 ha dirigido uno de los festivales más importantes del verano español y esta conexión hace que el premio sea aún más significativo.
A lo largo de su carrera, Cimarro ha insistido en que nunca quiso ser otra cosa más que productor: “He querido ser lo que soy”. Sin embargo, también levanta la voz ante una realidad preocupante: en los últimos quince años, la exhibición teatral ha caído un 35%. Esta reducción no solo afecta a las giras; detrás hay una falta alarmante de espacios donde crear y mostrar arte.
A pesar de estos desafíos y cambios constantes en el sector cultural, Jesús Cimarro mantiene su fe inquebrantable en el futuro del teatro vivo: “Tengo claro que el espectáculo en vivo no va a morir”. Su mensaje es claro: necesitamos compromisos reales con nuestra cultura porque lo social y lo artístico son inseparables.

