Paolo Tizón, un joven cineasta peruano de tan solo 28 años, se ha lanzado al mundo del documental con su obra ‘Vino la noche’, un trabajo que está compitiendo en el festival MajorDocs. Su película no es solo una mirada a la dura preparación de los soldados de élite de la Fuerza Aérea de Perú, sino un viaje emocional que nos invita a comprender las decisiones radicales que toman estos jóvenes al enlistarse.
Con un deseo ferviente de entender a estos chicos y su contexto, Paolo obtuvo el permiso para sumergirse en su mundo: durmiendo en cuarteles y viviendo cada etapa del entrenamiento. Lo sorprendente es que, tras esta experiencia intensa, aún mantiene la amistad con muchos de ellos. En sus propias palabras: «Quería entrar en la subjetividad de las personas que están en las Fuerzas Armadas».
Un desafío constante
Sin embargo, hacer este documental no fue sencillo. Ganarse la confianza de los soldados y abordar un tema tan delicado como lo son las Fuerzas Armadas en Perú no estaba exento de dificultades. «Tuvimos que acercarnos con respeto y cariño», explica Paolo. Es innegable que hay una estigmatización hacia estas instituciones, especialmente debido a su complicada relación con la Justicia.
La historia detrás de ‘Vino la noche’ nace del deseo personal de Paolo por explorar cómo las fuerzas armadas han moldeado la cultura peruana, especialmente considerando que su propio padre es oficial retirado. La figura paterna se convierte así en un hilo conductor; uno se siente atraído por ese velo de misterio que envuelve a quienes pertenecen a este mundo.
Al preguntarle sobre lo más complicado del rodaje, Paolo reflexiona sobre el tiempo: «No puedes filmar e irte; tienes que construir una relación real». Y eso fue precisamente lo que hizo: muchos chicos ahora son sus amigos cercanos. Además, destaca cómo esto se facilitó gracias a su cercanía etaria con los reclutas.
El documental también revela momentos inesperados llenos de luz y poesía dentro del duro ambiente militar. La dureza del entrenamiento le impactó profundamente y hasta llegó a sentir náuseas al vivirlo desde adentro: «¿Por qué se alistan estos jóvenes? Para algunos es una forma económica de subsistencia».
Tizón nos muestra cómo existe una vulnerabilidad escondida tras esa fachada masculina; hay complicidades y lealtades pero también emociones infantiles entre hombres jóvenes enfrentando desafíos enormes juntos. Al final, ‘Vino la noche’ no solo captura el rigor del entrenamiento militar sino también esos destellos humanos llenos de esperanza y camaradería.

