El pasado domingo en París, Pablo Carreño demostró que el tenis es mucho más que un deporte; es una lucha constante contra las adversidades. Con 34 años a sus espaldas, este asturiano ha sabido reinventarse después de meses complicados. En Roland Garros, donde se siente como en casa, ha logrado abrirse paso hacia la cuarta ronda, algo que no hacía desde 2021.
Su rival, Thiago Tirante, había llegado con fuerza al torneo, eliminando a jugadores destacados como Pablo Llamas y Alejandro Davidovich. Sin embargo, Carreño se plantó firme y tras tres horas y media de intensa batalla en la pista, consiguió vencerle por 7-6(0), 7-5, 3-6 y 6-4. ¿El resultado? La posibilidad de enfrentarse al ganador del duelo entre Rafa Jódar y Alex Michelsen en busca de un lugar en los cuartos.
Un camino lleno de desafíos
Pablo ha tenido que lidiar con un sinfín de lesiones durante su carrera; la última fue una operación del codo derecho hace apenas unos meses. A pesar de eso, su determinación no flaquea. Tras cambiar su entorno deportivo y mudarse a Madrid buscando nuevos aires y mejoras físicas bajo la tutela de Vicente Calvo, Carreño parece haber encontrado el equilibrio necesario para seguir compitiendo al más alto nivel.
Calvo cuenta que se enfocan en fortalecer el cuerpo para prevenir lesiones: «Hacemos fuerza explosiva dos días a la semana y trabajamos movilidad en pista otros dos». Este trabajo meticuloso está dando sus frutos: hoy ve recompensado ese esfuerzo con cada punto ganado sobre el césped parisino.
A medida que avanza el torneo, todos estamos pendientes del próximo paso de Pablo. Lo cierto es que su historia nos inspira; nos recuerda que lo importante no son solo los trofeos ganados sino también cómo nos levantamos tras cada caída.

