El Mallorca cerró su etapa de amistosos veraniegos con un empate a uno contra el SV Elversberg, en un Son Moix que, lamentablemente, no brilló por su afluencia. Y es que solo 5.635 aficionados se animaron a llenar las gradas, dejando una sensación de vacío que contrastaba con la energía del último encuentro ante el PSG. La jornada estuvo marcada por la temprana expulsión de Soumahoro, quien, a los 10 minutos, vio la roja tras una falta como último hombre. Un momento que desdibujó lo que prometía ser un partido emocionante.
Un partido marcado por decisiones arbitrales
A pesar del contratiempo inicial, los bermellones lograron equilibrar el juego cuando el árbitro mostró otra tarjeta roja a Darvich en el minuto 57. Antes de eso, el Elversberg se había adelantado gracias a un gol de Rohr, quien aprovechó un córner tras una desconcentración defensiva del Mallorca. Pero ahí no terminó la historia: apenas cuatro minutos después, Antonio, tras una buena presión y robo en tres cuartos de campo, puso las tablas en el marcador.
No obstante, este amistoso dejó mucho que desear. A medida que pasaban los minutos y con las rotaciones habituales del entrenador Luis García para probar diferentes alineaciones, el ritmo del juego decaía hasta llegar a ser tedioso. Con cada amarilla sacada por Gonzalo Ramos —incluyendo dos rojas— parecía más importante lo que ocurría fuera del terreno de juego que dentro.
Aun así, este encuentro fue una oportunidad para practicar nuevas estrategias; sin embargo, muchos jugadores mostraron signos de cansancio tras haber jugado hace tan solo unos días contra uno de los gigantes europeos. Ahora toca mirar hacia adelante: la Liga está a la vuelta de la esquina y ya se espera al Valladolid en lo que será el primer gran desafío oficial para los bermellones. La afición tiene ganas y espera ver cómo su equipo se deja todo en el campo para regresar rápidamente a Primera División.

