El fútbol, esa pasión que nos atrapa a todos de una manera u otra, tiene historias tan peculiares como la de Marcos Lobillo. Nacido en Vélez-Málaga hace 28 años, su amor por el RCD Mallorca nació de un enfado infantil. Este pasado sábado, lo vimos vibrar en el Marbella Football Center junto a su hermano Antonio mientras animaban al Mallorca en su partido contra el Al-Fateh.
«Soy del Mallorca de toda la vida», decía con orgullo y ese característico acento andaluz. Con la camiseta histórica de la Champions puesta y otra lista para conseguir autógrafos, Marcos no podía ocultar su emoción. «Ya tengo los autógrafos de Valjent, Abdón y Bergstrom», contaba entre risas antes del amistoso.
Un inicio curioso y pasional
Su historia es realmente curiosa. Todo empezó con una simple discusión familiar que marcó su destino futbolístico. «Era muy pequeño cuando vi jugar al Madrid contra el Mallorca. Como mis familiares eran del Madrid y me estaban haciendo rabiar, decidí que apoyaría al Mallorca», recordaba entre sonrisas. Desde entonces, se convirtió en un ferviente seguidor del equipo balear.
La devoción de Marcos por los rojillos no ha hecho más que crecer con los años. Ha estado presente como un auténtico mallorquinista en La Cartuja durante la final de la Copa del Rey ante el Athletic Club en 2024 y ha recorrido varios estadios apoyando a su equipo. «Tengo un amigo en Getafe que me consigue las entradas cuando juegan allí; también he ido a Granada y claro, a Son Moix», comentaba con un brillo especial en sus ojos.
A pesar de estar más de 800 kilómetros lejos, su corazón siempre late por el Mallorca: «He celebrado goles del Mallorca contra el Málaga incluso en La Rosaleda. Me encanta ver a mi tierra compitiendo en Primera, pero si juegan contra el Mallorca… ¡lo tengo clarísimo!», enfatizaba con firmeza mientras deseaba que bajo la dirección de Luis García regresen pronto a la élite.
Así es como una discusión infantil transformó no solo la vida de Marcos sino también cómo se vive el fútbol desde lejos. Su pasión es pura y sincera; una conexión inquebrantable con un club que se ha vuelto parte esencial de su identidad.

