Las oportunidades en el fútbol son como los trenes: pasan y si no subes, te quedas en la estación. Esto es exactamente lo que le ocurrió al RCD Mallorca en su reciente encuentro contra el Alavés. Un partido que prometía ser una gran oportunidad para acercarse a los puestos europeos, terminó convirtiéndose en un empate que sabe a poco, o más bien a nada. El equipo visitante llegó a Palma con la presión de salir del descenso, pero eso no debería haber sido una invitación para dejar escapar tres puntos esenciales.
Un inicio prometedor que se diluye
Todo parecía ir sobre ruedas cuando Takuma Asano abrió el marcador apenas nueve minutos después del pitido inicial. Con ese golazo, uno pensaría que el Mallorca estaba listo para arrasar. La primera parte fue un dominio absoluto: Mascarell y Darder controlaron el centro del campo como verdaderos capitanes, y las ocasiones no tardaron en llegar; hasta ocho tiros en menos de media hora nos hacían soñar con una victoria clara.
Pero aquí viene lo complicado. A pesar de las claras ocasiones, Muriqi tuvo su día menos inspirado y dejó escapar dos goles cantados, uno de ellos tras quedarse solo frente al portero Sivera. Y así, lo que podría haber sido una fiesta se convirtió en un galimatías táctico cuando llegó la segunda parte.
Como ha pasado en otras ocasiones, el Mallorca se olvidó de cerrar el partido. Se dejaron llevar y comenzaron a ceder el control al Alavés, quienes aprovecharon la situación y finalmente lograron empatar. La desesperación llevó al entrenador Arrasate a introducir hasta tres delanteros centro buscando revertir la situación, pero eso solo frenó temporalmente las ansias rivales.
Aquí estamos ahora: un punto que deja al equipo flotando entre la esperanza y la incertidumbre. ¿Realmente han aprendido algo? La pregunta queda en el aire mientras nosotros seguimos esperando más acción sobre el césped.

