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Antonia Real: 50 años rompiendo barreras en el deporte olímpico

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Era un 20 de julio de 1976 cuando la historia del deporte balear dio un giro inesperado. Con apenas 12 años, 10 meses y 6 días, Antonia Real Horrach, una joven nadadora de Palma, se convirtió en la primera deportista de las islas en participar en unos Juegos Olímpicos. En Montreal, marcó un hito que aún resuena: fue la más joven en representar a España en esta cita tan esperada por todos.

Años después, sentada en su refugio estival de la Colonia de Sant Jordi junto a su nieto, Antonia recuerda ese momento con una mezcla de nostalgia y alegría. “Es una anécdota que me alegra saber que sigue viva”, dice mientras mira hacia atrás y evoca los recuerdos de aquel viaje a Canadá. Junto al tirador Joan Seguí, formaron parte de una delegación balear pequeña pero valiente, marcada por la incertidumbre tras el atentado de Múnich cuatro años antes. “Había seguridad por todas partes; éramos muy jóvenes para entenderlo entonces”, añade con sinceridad.

Recuerdos imborrables y amistades eternas

Aunque ahora es profesora jubilada y lleva tiempo alejada del deporte de élite, Antonia nunca ha dejado de nadar. “Conservo amistades como Gloria Casado”, dice refiriéndose a su compañera olímpica. Para ella, esos vínculos son el verdadero legado del esfuerzo compartido durante tantos años de entrenamiento y competiciones.

Antonia recuerda cómo, sin los recursos actuales ni el apoyo necesario, su trayectoria estuvo llena de sacrificios. “Todo era pura pasión; no teníamos ayudas”, enfatiza mientras reconoce que su entrenador no pudo acompañarla en Montreal. A pesar de las dificultades, ella brilló desde sus inicios al convertirse en campeona nacional con solo diez años.

Hoy rememora el desfile inaugural como uno de los momentos más impactantes: “Entrar al estadio olímpico fue increíble; se me ponía la piel de gallina”. También recuerda la Villa Olímpica donde la comida estaba por todas partes; algo a lo que no estaba acostumbrada y que ahora evoca con cariño.

A medida que avanza su relato sobre esas semanas intensas entre entrenamientos y competiciones escolares –su vida era un constante vaivén entre clases e intensos entrenamientos– también reflexiona sobre sus rivales del Este europeo: “Eran duras competidoras”, menciona al hablar sobre aquellas jornadas llenas presión pero también sueños.

A medida que han pasado los años, Antonia sigue siendo un símbolo para Mallorca; cada vez más mujeres toman impulso gracias a su ejemplo. Mientras se prepara para celebrar medio siglo desde su hazaña olímpica, siente orgullo al ver cómo las cosas han cambiado desde aquel verano del ’76 hasta hoy.

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