Joan Cardona, ese joven talento nacido en Maó en 1998, está trazando un nuevo rumbo. Después de un largo trayecto en las clases individuales y enriquecido por la experiencia colectiva del SailGP, se ha reinventado con la vista puesta en regresar a unos Juegos Olímpicos. Su objetivo no es otro que volver a sentir esas emociones intensas, aunque esta vez serán diferentes a las vividas en la cita pandémica de Tokio 2021, donde logró colgarse una medalla de bronce, marcando así su nombre y el de Baleares en el podio olímpico tras más de dos décadas.
Un nuevo equipo para un viejo sueño
Tras varios meses entrenando y compitiendo codo a codo con Nicole van der Velden, Joan parece haber encontrado su pareja ideal para formar una tripulación sólida en la clase Nacra 17. Esta categoría mixta del programa olímpico despierta grandes esperanzas en ambos navegantes que aspiran a surcar las aguas californianas de Los Ángeles en verano de 2028. «La experiencia adquirida en SailGP ha sido clave para adaptarnos a esta nueva etapa», comenta Joan con optimismo. Él sabe que primero hay que clasificar al país y luego ganarse un lugar en el equipo, pero su mirada está llena de confianza.
A medida que se acerca el Trofeo SAR Princesa Sofía, donde ya han demostrado los frutos de su esfuerzo durante los entrenamientos previos, Joan señala la importancia del entendimiento entre ellos: «Sabemos lo que queremos y eso es fundamental». El menorquín no puede evitar mirar atrás y recordar aquellos Juegos pasados; cada día siente más nostalgia por aquel bronce que le abrió las puertas a la historia del deporte balear.
Sigue destacando el impresionante nivel de la vela balear: «Es el resultado de años dedicados al trabajo duro», dice con orgullo. Y mirando hacia el futuro, menciona 2027 como un año clave para los clasificatorios olímpicos junto a Nicole: «Estamos centrados en aprender todo sobre este barco y sincronizarnos para tener opciones reales de pelear por una medalla».
A medida que repasa su transición desde una clase individual hacia este nuevo formato mixto, Joan expresa cómo todo se vuelve más intenso: «Debes coordinarte al máximo con tu compañera. A pesar de conocerla desde hace tiempo, hemos trabajado mucho fuera del agua». Con un año ya juntos bajo sus velas, están listos para aplicar lo aprendido.
No puede evitar recordar ese verano extraño de Tokio y lo vivido allí: «Valoro cada momento ahora con más claridad; esa presión me enseñó mucho sobre mí mismo», confiesa reflexionando sobre lo dura que fue esa batalla por la medalla.
A sus 27 años y después de haber competido ya ante las olas californianas, Joan tiene claro que este nuevo desafío será distinto pero igualmente emocionante. Sin duda alguna, todos estaremos pendientes del camino que sigue este joven regatista hacia sus segundos Juegos Olímpicos.

