En el emocionante mundo del Mundial de Rallyes, nada parece ser predecible. El Acrópolis, una de las pruebas más duras del calendario, volvió a demostrarlo con un espectáculo que mantuvo a todos en vilo. Sébastien Ogier, la leyenda francesa, se alzó victorioso en este infierno griego, mientras que Thierry Neuville vio cómo sus esperanzas se desvanecían nuevamente por un golpe del destino.
La dura batalla entre titanes
La penúltima especial fue el escenario donde se fraguó el drama. Ambos pilotos empataban en tiempos, separados por apenas un suspiro: ¡un segundo! Pero cuando parecía que la suerte podía sonreírle a Neuville, un doble pinchazo le mandó al suelo y dejó la puerta abierta para Ogier. «Tuve muy mala suerte; no sé qué pasó», confesó decepcionado Neuville. En cambio, Ogier no desaprovechó la oportunidad: con su victoria número 64, reafirmó su dominio y recogió los frutos de su constancia y estrategia.
«Los Dioses me apoyaron», declaró Ogier tras un fin de semana extenuante donde cada curva y piedra contaba. Su regreso al podio es sin duda una señal para sus rivales: está listo para pelear hasta el final. A pesar de no liderar la clasificación general aún, ya está acechando desde cerca con 125 puntos acumulados.
Pero el Acrópolis también trajo sentimientos encontrados para los españoles. Dani Sordo no pudo culminar su participación debido a decisiones estratégicas que dejaron a Hyundai sin sumar puntos importantes. Mientras tanto, Alejandro Cachón brilló en WRC2 al finalizar tercero con su Yaris Rally2.
El rally griego fue una montaña rusa emocional que deja claro que cada carrera es una nueva historia por contar en este fascinante campeonato donde lo inesperado siempre puede ocurrir.

