En medio del bullicio del GP de Austria, Lewis Hamilton se sentó a charlar sobre un capítulo oscuro en su carrera con Ferrari. Ese momento fatídico en enero de 2025, cuando un choque brutal en una prueba privada en Montmeló lo dejó marcado, no solo físicamente, sino también emocionalmente. Con la mirada fija, recordó cómo esa experiencia podría haber arruinado su año de debut con los bólidos rojos.
Un golpe que lo cambió todo
“No es algo fácil de hablar”, decía Hamilton mientras buscaba las palabras adecuadas. Se refería al accidente que sufrió durante un test de coches anteriores a la temporada. El heptacampeón explicó que tras estrellarse contra el muro, se lesionó un disco cervical que afectó incluso a sus nervios. Durante semanas estuvo lidiando con una dolorosa rehabilitación; iba al quiropráctico todos los días y hacía fisioterapia como si le fuera la vida en ello. “No podía dormir ni concentrarme”, confesaba con sinceridad.
A pesar de estos obstáculos, el piloto británico ha demostrado una resiliencia admirable. Ahora se encuentra segundo en el Mundial, a 41 puntos del líder Antonelli, gracias a unas mejoras significativas en su coche y al nuevo motor que están esperando estrenar pronto. “No me obsesiono con el campeonato; cada carrera es mi único foco”, afirmó decidido.
Hamilton también destacó cómo el equipo ha trabajado incansablemente para avanzar: “Cada uno aporta algo valioso y estamos más unidos que nunca bajo el liderazgo de Fred Vasseur”. Este ambiente cohesionado parece ser clave para las mejoras recientes que han visto tanto en Barcelona como aquí en Austria.
A medida que avanza la temporada, Hamilton está ansioso por seguir sumando éxitos y dejando atrás ese episodio doloroso que casi lo deja fuera del juego. La historia continúa y él está listo para enfrentarla con determinación.

