El mes de mayo del 2026 será uno de esos capítulos memorables en la vida de Félix Rosenqvist. El día 4 nació su primera hija, Stella, y solo veinte días después, el piloto sueco se alzó con un triunfo que muchos considerarán el mayor hito de su carrera. ¿Y qué mejor manera de celebrar que conquistando las 500 Millas de Indianápolis? El destino parece haberle jugado una buena pasada al regalarle este doble acontecimiento.
Un momento para recordar
En una conversación distendida con MARCA, mientras aún lleva el mono empapado en leche tras la tradicional celebración del triunfo, Félix no puede ocultar su felicidad. “¡He sido muy afortunado!”, dice entre risas. No es para menos; ser padre por primera vez y ganar esta emblemática carrera en tan poco tiempo es algo que muy pocos pueden contar.
“La verdad es que volver a Indianápolis siendo padre ha sido lo más especial”, comenta con una sonrisa que trasciende las palabras. Esa conexión profunda con su hija le ha servido como talismán: “Desde el primer instante sentí que ella iba a ser mi amuleto de la suerte”, confiesa. Y vaya si lo fue.
Aquella última vuelta fue pura adrenalina. La tensión se palpaba en el aire mientras él luchaba por mantener la posición junto a su compañero de equipo. “Reconozco que no podría repetir esa última vuelta… aunque lo intentara”, admite, recordando cómo cruzó la meta por apenas 30 centímetros, logrando así una llegada tan ajustada que quedará grabada en los anales del automovilismo.
Pensando ya en el futuro, tiene claro que algún día deberá contarle a Stella cómo vivió ese momento histórico: “Siento que ella me guió hacia el triunfo”, reflexiona con nostalgia. Un relato familiar cargado de emoción está destinado a florecer entre ellos mientras celebran juntos este increíble inicio para su familia.

