El Real Madrid se enfrentó al AEK de Atenas en un encuentro que, aunque terminó con una remontada 2-3, dejó mucho que desear en términos de juego. El foco del día no fue solo el partido, sino también la reciente incorporación de Rafa Nadal a la Junta Directiva del club, algo que alegró a los aficionados tras un choque flojo y por momentos confuso.
Un espectáculo decepcionante
A pesar de llevarse los tres puntos, lo cierto es que el equipo mostró una versión muy lejos de sus mejores partidos. Con Güler y Tchouaméni en Madrid y Vini como titular, todo parecía apuntar a una tarde emocionante. Pero el inicio del encuentro, fijado para las siete menos cuarto, no presagiaba nada bueno. En este sentido, señalar a Vini como uno de los culpables parece lo más fácil; sin embargo, su rendimiento deja mucho que desear y esto se hizo evidente durante el juego.
Su repliegue en la jugada del segundo gol rival volvió a ponerlo en el punto de mira. Comparándolo con Diomande, quien aportó tanto trabajo como desborde al equipo, Vini sigue sin ser esa estrella brillante que todos esperábamos. Es cierto que los cambios realizados por Mourinho fueron clave; incluso Vini tuvo que ver cómo su equipo remontaba desde el banquillo.
Pero si hubo algo rescatable fue Jude Bellingham. Este joven inglés nos regaló un golazo digno de recordar: un taconazo espectacular tras un centro de Cucurella. Un gesto técnico sublime que resonará en nuestra memoria como esos míticos goles en blanco y negro. Además, su asistencia para el segundo tanto también fue digna de aplauso; este chico está demostrando ser diferencial.
No podemos olvidar la figura salvadora de Courtois. Sin él bajo palos, seguro que el Madrid habría salido con las manos vacías tras hacer tres paradas impresionantes en la primera parte ante Gacinovic y Jovic.
Y mientras Mbappé seguía siendo una amenaza constante -aunque tampoco estuvo fino-, Endrick entró al campo y revolucionó todo con su velocidad y desparpajo. Merece más minutos porque cada vez que pisa el césped se siente esa chispa necesaria para avivar al equipo.
Sin embargo, hoy sentimos la falta de Güler más allá del talento individual; su ausencia se notó especialmente en las jugadas a balón parado donde desperdiciamos varias oportunidades claras. Al final del día, aunque logramos ganar este encuentro complicado, aún queda mucho por mejorar si queremos seguir soñando con grandes cosas esta temporada.

