En una noche que prometía ser brillante para el PSG, donde la Champions League se pintó de rojo y azul, Luis Enrique no pudo evitar dejar claro su descontento. Con una sonrisa que reflejaba la satisfacción por el juego de su equipo, no todo era alegría. Y es que el asturiano se mostró realmente molesto por un episodio que dejó más dudas que certezas en el campo.
Un partido marcado por decisiones extrañas
El encuentro avanzaba sin problemas cuando, a falta de 16 minutos para el final, sucedió lo inesperado: el árbitro sancionó un retraso en los cambios, dejando al PSG con tres jugadores menos durante un minuto. En ese momento, Luis Enrique sintió que había cruzado una línea. Su reacción fue visceral; empujó a uno de sus jugadores al terreno y recibió una amarilla. “Lo de los tres cambios ha sido un cachondeo”, exclamó después del partido con esa pasión tan característica. “Si te quitan a tres jugadores cuando vas 0-0, ¿esto qué es? ¿un juego de niños?”.
A pesar del resultado favorable y la ambición mostrada en el campo —seis goles fueron prueba del buen trabajo—, Luis no quiere que nadie baje la guardia. “Esto no vale para nada”, decía mientras sus ojos destilaban seriedad. Reconocía la necesidad de mantener los pies en la tierra ante lo que se viene en las eliminatorias: “La competición empieza en febrero”.
Así las cosas, mientras su equipo disfruta del liderato y asusta a Europa con su juego ofensivo e intenso, la crítica sigue viva. La tensión entre lo profesional y lo arbitral queda expuesta en cada palabra del entrenador asturiano. Una mezcla perfecta entre orgullo y frustración que nos recuerda que detrás del espectáculo siempre hay mucho más.

