Una nueva era ha comenzado para la selección francesa. Con el cambio de mando de Didier Deschamps a Zinédine Zidane, la emoción estaba en el aire mientras los bleus se preparaban para enfrentar a Turquía. No era un partido cualquiera; era el regreso del legendario Zizou al banquillo tras cinco años lejos de él, y no podía fallar.
El encuentro arrancó con mucha intensidad. Turquía, arropada por su afición, salió a darlo todo desde el primer minuto. Pero fue Francia quien se llevó la gloria, gracias a un golazo de Kylian Mbappé, que llegó justo después de pedir el cambio por molestias. Una mezcla de alegría y preocupación invadió el estadio: celebramos el tanto, pero también temimos lo peor.
Un debut con sabor agridulce
Zidane había prometido recuperar al Mbappé que todos conocemos y su estrategia funcionó en parte. Escorarlo a la izquierda parecía una buena jugada, aunque al inicio del partido las cosas no fluían como esperábamos. Los franceses dominaban la posesión, pero les costaba encontrar caminos hacia la portería rival. Mientras tanto, los turcos parecían decididos a aprovechar cualquier error.
Las ocasiones fueron escasas hasta que finalmente llegó ese momento mágico: Kylian recibió un pase preciso y definió con maestría ante Cakir para abrir el marcador. Pero ¡oh sorpresa! En esa misma jugada notó un pinchazo en la rodilla y tuvo que abandonar el campo entre lágrimas. Lo vimos marcharse con las manos en la cara; una imagen que nos rompió el corazón.
A pesar del golpe anímico, Francia siguió buscando ampliar su ventaja. Koundé estuvo cerca de marcar nuevamente, impactando en el palo tras una gran jugada colectiva. Aunque Turquía luchó hasta el final e incluso se quedó con diez hombres tras la expulsión de Cakir, los galos resistieron y Zidane pudo celebrar su primera victoria como seleccionador.
En resumen, un estreno lleno de emociones donde lo bueno se vio empañado por la lesión de nuestro querido Mbappé. Todos cruzamos los dedos para que regrese pronto; este equipo necesita su magia.

