El Celta de Vigo se enfrenta a un nuevo comienzo, pero parece que no ha aprendido de los errores del pasado. A estas alturas, el equipo ya ha dejado claro que su juego está lejos de lo que esperábamos, y aunque los números son parecidos a los del año pasado, hay algo en el aire que nos dice que esto puede ser una repetición amarga.
Un inicio titubeante
Con solo tres empates en su haber, el equipo dirigido por Claudio Giráldez suma un punto menos que el año anterior. ¡Y qué decir del ataque! En las primeras jornadas de Liga, han conseguido apenas dos goles; una cifra bastante decepcionante si miramos hacia atrás y vemos cómo empezó la pasada campaña. Sin embargo, entre las esperanzas de jugadores y aficionados resuena una pregunta: ¿podrá el Celta cambiar esta historia?
A lo largo del camino hacia la victoria, el equipo tuvo sus altibajos. Recuerden esos siete empates a un gol en las primeras jornadas del año anterior; hasta parecían un clásico. Ahora, sin embargo, cada partido es un recordatorio de la falta de pegada en ataque. Iago Aspas y Starfelt son los únicos que han logrado perforar redes este curso.
La situación no es mejor en defensa: aunque Radu ha encajado un gol menos que el año pasado (cinco frente a seis), eso no alivia la presión sobre el equipo. La afición espera ver cambios significativos pronto para dejar atrás este mal inicio y empezar a escalar posiciones desde Balaídos.
Así es como estamos hoy: con ilusiones renovadas pero con las mismas preocupaciones asomando en cada jugada. Esperemos que esta vez los celtas logren darle la vuelta a la tortilla antes de que sea demasiado tarde.

