Fútbol

La lección de Diomande que nos hace reflexionar

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Cuando todos pensábamos que el Real Madrid había decidido dar un giro en su estrategia, apostando por jugadores experimentados para asegurar el rendimiento inmediato de su plantilla, aparece Yan Diomande y nos deja a todos boquiabiertos. Al parecer, la ambición del club blanco sigue intacta: ¡quieren contar con los mejores talentos jóvenes del mundo! Su interés en Diomande, dispuesto a abrir la cartera incluso para hacer temblar al PSG, tiene sentido, pero también es doloroso.

¿Se imaginan? Hace apenas un año, este chaval jugaba a 25 minutos del Santiago Bernabéu y ahora se va al Leipzig por una suma que supera cinco veces lo que costó. ¡Diomande vale más que todo el Leganés! Y aquí surge la gran pregunta: ¿cómo puede ser que nadie en el radar del Madrid detectara a este diamante en bruto antes?

Un éxito interno, pero un fallo externo

No podemos ser injustos; el Real Madrid ha demostrado ser una máquina de generar talento desde su cantera. Valdebebas produce futbolistas que no solo brillan en la élite sino que también se venden por cifras impresionantes. Solo este verano hemos visto cómo Nico Paz, Víctor Muñoz o Mario Gila han aportado más de 130 millones al club. Es un modelo exitoso.

Aún así, hay algo que chirría: producir talento dentro es diferente a encontrarlo fuera antes que nadie. Y ahí es donde hay que poner el foco. Si nuestro radar no llega ni al extrarradio de Madrid, algo estamos haciendo mal.

No sería tan complicado ampliar ese espectro; montar una red de scouting juvenil en los cinco continentes con ojeadores estables no costaría tanto como esos ciento quince millones. Dejarse llevar por la idea de fichar diamantes ya pulidos por 60 millones cuando podrías encontrarlos desde sus inicios es lo anómalo aquí.

El verdadero problema radica en lo siguiente: el Real Madrid tiene un activo increíblemente potente: el deseo universal de jugar con su camiseta blanca. Hay niños soñando con ese escudo en lugares como Abiyán o São Paulo. Aprovechar esa ilusión debería ser una prioridad mucho mayor para ellos.

Invertir en descubrir esos talentos emergentes debería tener la misma alegría y urgencia que comprar nuevos fichajes. Porque si seguimos sin mirar hacia abajo y solo nos fijamos en las grandes estrellas del momento, nos perderemos otros futuros Diomande.

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