Granada. En un momento crucial de la temporada, el Granada ha vuelto a tropezar y se aleja de los puestos de playoff tras una derrota en La Rosaleda. Y es que, qué pena que este partido no fue como esperábamos. Los rojiblancos tenían la oportunidad dorada de afianzarse en la tabla, pero no lograron dar la talla. El equipo dirigido por Escribá mostró una cara que dejó mucho que desear y nos recordó lo frágiles que pueden ser.
Un primer tiempo para olvidar
Desde el pitido inicial, el Granada parecía haber apagado las luces. Un equipo desubicado, como un muñeco de trapo en manos del rival, sin carácter ni compromiso. ¡Increíble! ¿Cómo es posible que unos jugadores luchando por volver a Primera se comporten así? En esos primeros 45 minutos, el ataque fue inexistente: ningún tiro entre los tres palos y solo un 35% de posesión. Como reconoció Escribá después del encuentro, fue la peor primera parte de la temporada.
Y si pensábamos que al salir del vestuario todo cambiaría, nos quedamos con las ganas. Aunque el Granada cerró el encuentro con siete tiros a puerta frente a los 16 del rival, nada cambió. No hubo ni un solo intento claro; es como si hubieran olvidado cómo marcar goles después de seis jornadas sin hacerlo. Ni siquiera la entrada de Boyé o Bastón pudo modificar este oscuro panorama para los granadinos.
A estas alturas y con solo 12 puntos en juego, el margen se ha agotado y ahora toca apretar los dientes: casi un pleno en estos cuatro partidos restantes es lo único que les puede dar opciones para soñar con esa promoción al ascenso. Porque ya han dejado escapar demasiados trenes, siendo este último en La Rosaleda.

