El malestar era palpable en el ambiente. Ramón Enríquez, nuestro querido capitán del Málaga, se ha visto obligado a despedirse de la temporada y casi de 2025. Una jornada más que amarga para él, tras sufrir una ruptura del ligamento cruzado anterior y un problema en el menisco externo durante un partido decisivo. La tristeza lo envolvía, pero su espíritu luchador brillaba aún más.
Una batalla más por delante
Tras realizarse pruebas médicas que confirmaron sus peores temores, Ramón sabe que le espera una dura recuperación. Pero como bien dice él: “no voy a tirar la toalla”. Aunque este contratiempo llega después de dos años plagados de lesiones musculares, cuando finalmente comenzaba a destacar y ser clave en el esquema de Pellicer.
La lesión ocurrió en un choque con Marc Pubill; un giro brusco de su rodilla derecha lo dejó claro: algo no iba bien. Después del incidente, Ramón fue sustituido y sentarse en el banquillo con una bolsa de hielo parecía lo único que podía hacer ante la adversidad. A pesar del dolor visible en su rostro y la resignación que sentía al abandonar el campo cojeando, su mirada seguía transmitiendo fuerza y esperanza.
El club no ha tardado en mostrar su apoyo incondicional hacia él. Sabe que estará fuera durante lo que queda de esta temporada y gran parte de la siguiente, pero eso no impide que mantenga una actitud positiva. Su ánimo es contagioso para todos nosotros; estamos seguros de que volverá más fuerte.

