La historia que vamos a contar no es solo la de un accidente, sino la crónica de cómo una vida puede cambiar radicalmente en un abrir y cerrar de ojos. En Palma, un hombre sordociego de 82 años ha visto su existencia completamente truncada tras ser atropellado por un vehículo de la EMT. Su familia está destrozada y lo cuentan con el corazón en la mano.
Todo ocurrió en febrero, en una calle que para muchos puede parecer rutinaria. Este anciano, que se movía en silla de ruedas debido a una operación reciente, cruzaba un paso de peatones acompañado por su cuidadora. Según narra su hija, el conductor hizo una maniobra para esquivar a la acompañante, pero terminó embistiendo al hombre. “Lo lanzó varios metros junto a la silla”, recuerda con tristeza.
Un golpe devastador
A pesar del aparente impacto leve descrito inicialmente, las secuelas fueron devastadoras. El anciano sufrió fracturas que requirieron cirugía urgente y desde entonces su salud se deterioró rápidamente. No pasó mucho tiempo antes de que aparecieran complicaciones: infecciones urinarias, problemas respiratorios e incluso episodios confusos donde ya no reconocía a su propia familia.
“Empezó a hablar raro y nos decían que era normal por su edad”, lamenta su hija. Pero lo cierto es que sus problemas fueron tan graves que tuvo que ser ingresado en UCI; los médicos le dieron un pronóstico incierto: “Estaba al 50-50”. La angustia envolvía a sus seres queridos mientras veían cómo todo se desmoronaba.
Aquella vida relativamente autónoma y activa desapareció como si nunca hubiera existido. Antes del accidente, este hombre podía moverse por casa y gestionar sus asuntos cotidianos sin ayuda; ahora necesita atención constante y vive una realidad desgarradora: “No se puede mover ni reconocer a nadie”, dice su familia entre lágrimas.
La situación ha obligado a sus hijos a reorganizarse por completo: trabajos abandonados, hogares adaptados y cuidadores contratados para cubrir necesidades urgentes. “Estamos desbordados”, aseguran con desesperación.
Y aquí viene otra parte amarga del relato: el silencio absoluto por parte de la EMT desde el día del atropello. Sin una sola llamada para preguntar cómo estaba o qué había sucedido después del impacto. La indignación es palpable: “Nadie se ha puesto en contacto con nosotros”, critican con rabia.
El caso ha quedado ahora en manos de aseguradoras, pero eso no compensa el daño humano detrás del accidente; ellos claman por justicia más allá del mero pago médico. Por eso han decidido iniciar acciones legales contra quienes consideran responsables; buscan visibilizar las secuelas físicas y cognitivas sufridas por el anciano.
“Nos han recomendado denunciar todo lo ocurrido”, explican decididos. Y no solo eso; también rechazan categóricamente cualquier intento previo de minimizar el incidente como algo menor: “Decir que no era grave es ignorar la realidad; él lleva meses ingresado y dependiente”. Lo único que piden es comprensión humana ante esta tragedia.”

