MADRID, 9 Abr. – En un giro que nadie esperaba, el jefe de la Organización de la Energía Atómica de Irán, Mohamad Eslami, ha dejado claro este jueves que Teherán no tiene intención alguna de poner freno a su programa de enriquecimiento de uranio. Esto ocurre en medio de las tensas negociaciones con Estados Unidos e Israel, quienes han hecho esta demanda una condición esencial para alcanzar un acuerdo definitivo que ponga fin a un conflicto prolongado.
Durante una ceremonia muy significativa por la muerte del líder supremo Alí Jamenei, Eslami disparó con fuerza: «Las pretensiones y exigencias de los enemigos para limitar nuestro programa son meros deseos que irán a la tumba». Con estas palabras, subrayó que “ninguna ley ni persona” podrá detener a Irán en su camino. A su juicio, todas las conspiraciones orquestadas por sus adversarios, incluidas las acciones bélicas recientes, han fracasado rotundamente.
Un conflicto lleno de matices
Mientras tanto, se preparan nuevas rondas de negociaciones entre Teherán y Washington en Islamabad. Se espera que estas conversaciones sean cruciales tras el reciente alto al fuego acordado y la esperada reapertura del estrecho de Ormuz, cerrado desde el inicio del conflicto el pasado 28 de febrero. Pero aquí viene lo interesante: Irán propone aceptar el enriquecimiento en sus cláusulas; sin embargo, Trump exige lo contrario: desmantelar sus instalaciones nucleares y entregar uranio al OIEA.
Aún hay más: el presidente estadounidense mencionó recientemente trabajar junto a Irán para recuperar esos 400 kilogramos de uranio que estarían ocultos en sus instalaciones nucleares a cambio del levantamiento de sanciones. Por otro lado, Rafael Grossi del OIEA ha expresado inquietud ante la falta de acceso completo a las instalaciones iraníes para realizar verificaciones.
No olvidemos que este último enfrentamiento ha dejado ya más de 3.000 muertos según fuentes oficiales iraníes. Así que queda mucho por hacer y por hablar. La comunidad internacional mira con atención cómo se desarrollan los acontecimientos mientras los intereses geopolíticos juegan una partida ajedrezística entre potencias.

