La tensión en el sur de Líbano se siente en el aire, y no hay forma de ignorarlo. Este miércoles, el Ejército israelí ha anunciado que, en las próximas horas, bombardeará los puentes que cruzan el río Litani. Todo esto lo hace bajo la premisa de una «ofensiva amplia y precisa» contra Hezbolá, un grupo que consideran peligroso y que ha estado moviéndose por la zona con total impunidad.
El portavoz del Ejército israelí, Avichai Adrai, no ha tenido reparos en dejar claro a través de sus redes sociales que es necesario evacuar a la población hacia zonas más seguras al norte del río Zahrani. “Debido a las actividades de Hezbolá y al traslado de elementos terroristas bajo la cobertura civil, estamos obligados a actuar”, señala. ¿Qué significa esto? Que el pueblo tiene que huir si quiere salvar su vida.
Un conflicto que parece no tener fin
Adrai subraya: “Para evitar que refuerzos lleguen al sur, atacaremos los puentes a partir del mediodía”. En medio de esta guerra continua, ya han caído más de 900 vidas en esta oleada de bombardeos lanzada por Israel. Esto sin contar con las críticas internacionales; incluso Naciones Unidas ha levantado la voz condenando estos ataques.
Y es que Israel no solo ataca objetivos militares. La semana pasada su ministro de Defensa amenazó con destruir infraestructuras nacionales en Líbano como castigo por no desarmar a Hezbolá. Es una situación insostenible; mientras tanto, desde Beirut se exige el fin del despliegue militar israelí en su territorio tras haber acordado un alto el fuego hace meses. Pero aquí seguimos, entre promesas rotas y un ciclo interminable de violencia.

