El escenario se iluminó y, con él, comenzó un espectáculo que prometía ser una experiencia única. Rosalía, la estrella catalana que ha conquistado corazones en todo el mundo, inauguró su ‘Lux Tour’ en Lyon con una propuesta estética que combina el ballet clásico con toques de modernidad y teatralidad. En su primera actuación, dejó claro que su evolución no es solo musical, sino también visual.
Una transformación cautivadora
Al inicio del concierto, Rosalía apareció como una delicada bailarina envuelta en un tutú rosa empolvado y zapatillas de ballet. Fue un momento casi sacro, donde cada nota resonaba como si estuviera invocando algo más grande que ella misma. Este gesto inicial fue solo el comienzo de una metamorfosis fascinante; rápidamente pasó del ballet a una estética más cortesana y exuberante. Las referencias culturales fueron abundantes: desde los ecos de Goya hasta la imagen contemporánea de una María Antonieta alocada.
A medida que avanzaba la actuación, los cambios se sucedían uno tras otro. La artista se despojaba del látex motero para adentrarse en un mundo de velos etéreos y corsés llamativos. Era como si cada vestuario contara una historia diferente: desde la pureza del ballet hasta la explosión teatral de sus trajes ornamentales. Con cada transformación, Rosalía llevó al público a explorar distintos estados emocionales.
La última parte del espectáculo fue pura energía nocturna; ella brillaba entre luces mientras lucía boxers de satén combinados con sujetadores cónicos. El ambiente vibraba al ritmo techno que cerró este ciclo estético cargado de simbolismo y libertad. Al final, con unas impresionantes alas de ángel, voló del escenario dejando a todos boquiabiertos y deseando más.
‘Lux’ no solo es un tour; es un viaje por diferentes dimensiones donde Rosalía nos invita a explorar lo clásico frente a lo moderno y lo espiritual ante lo terrenal. Cada ‘look’ narró su propia historia, haciendo sentir a cada espectador parte de esta mágica experiencia.

