El pasado lunes, la noche mágica en Lyon se vistió de gala para recibir a Rosalía, quien dio el pistoletazo de salida a su esperado ‘Lux Tour’. Con una propuesta que va más allá de un simple concierto, la artista desplegó todo su talento ante un público entregado que agotó las entradas del LDLC Arena. 16.000 almas se reunieron para disfrutar de un espectáculo donde la música se fundió con el arte visual y la danza, creando una experiencia única.
Un show que rompe moldes
Después de las críticas por su anterior gira Motomami, donde algunos echaban en falta la presencia de músicos, Rosalía decidió sorprender a todos llevándola al extremo opuesto. En esta nueva aventura, la Heritage Orchestra, compuesta por más de veinte talentosos músicos, acompañó cada nota con cuerdas vibrantes y ritmos electrónicos que resonaban en el corazón del público. Desde el primer acorde, quedó claro que estábamos ante algo diferente.
La noche comenzó con un toque teatral: Rosalía apareció dentro de una caja envuelta como si fuera parte de una obra maestra moderna. Acompañada por una coreografía impresionante y juegos visuales inspirados en vanguardias rusas, interpretó canciones emblemáticas como ‘Sexo, violencia y llantas’, dejando a todos boquiabiertos.
No era solo música; era un viaje sensorial. Cada canción era como una pintura audiovisual cuidada hasta el último detalle. Y aunque algunas melodías eran más oscuras o complejas, lograron conectar profundamente con los asistentes que disfrutaban tanto en castellano como en catalán.
A lo largo del concierto pudimos ver cómo reinterpretaba clásicos como ‘Saoko’ y ‘La combi Versace’, mientras su orquesta nos desafiaba a dejar atrás cualquier idea preconcebida sobre lo que debería ser un show pop. La complicidad entre Rosalía y sus bailarines fue palpable: cada movimiento estaba cargado de energía y pasión.
A medida que avanzaba la velada, Rosalía no dudó en sorprendernos alternando vestuarios excéntricos con momentos íntimos como cuando interpretó ‘Sauvignon blanc’ al piano. Se atrevió incluso a hacer humor con temas críticos como ‘La perla’, mostrando su capacidad para hablarle al alma al mismo tiempo que hacía reír.
Para cerrar la noche, eligió ‘Magnolias’, una balada profunda donde cantaba sobre temas tan personales como su propia mortalidad. Sin duda alguna, dejó el listón muy alto para futuros espectáculos: un recordatorio potente de que no solo es una cantante excepcional sino también una artista completa capaz de tocar nuestras sensibilidades más profundas.

