Era una noche prometedora, aquella en la que Dean Huijsen hizo su espectacular debut en el Mundial de Clubes. Un chaval de solo 20 años que no se achicó ante las exigencias del Real Madrid. Aquel primer partido fue un despliegue de confianza y fuerza, donde el joven central parecía un veterano, y todos los aficionados se dejaron llevar por la ilusión. “Su personalidad es una auténtica barbaridad”, decía Francis Hernández, quien lo impulsó a la selección.
El giro inesperado
Pero como todo cuento con giros dramáticos, llegó la noche fatídica del 27 de septiembre. En el Estadio Metropolitano, el Madrid sufrió una dura derrota frente al Atlético: 5-2. Para Huijsen, ese fue su primer gran golpe y su interior se quebró. No pudo jugar contra el PSG por sanción, pero aquel encuentro marcó un antes y un después en su carrera. Desde entonces, las dudas empezaron a asomarse.
Anfield vino después y con él más preguntas que respuestas. Lo que parecía ser solo un bache se convirtió en una caída libre para su rendimiento y también para el equipo. A pesar de asumir sus errores y hablarlo con sus compañeros, la presión recayó sobre sus hombros jóvenes. La confianza se desvaneció como humo entre los silbidos del público.
Hoy, Dean vive una montaña rusa emocional donde cada error se magnifica y cada duda genera críticas duras en el Santiago Bernabéu. En su último partido contra el Getafe, mostró imprecisiones que no eran propias de él: inseguridades en los cruces y frustración visible en su rostro. El chico que había enamorado a todos por su claridad ahora transmite caos.
No es justo culparle solo a él; es parte de un equipo irregular y vulnerable. Pero su situación refleja bien lo que está pasando en el club: falta de estabilidad emocional e identidad. Además, hay un Mundial a la vista y su lugar en la lista de Luis de la Fuente ya no está tan asegurado.
Aquí no estamos hablando de pedir favoritismos ni cosas así; lo que Dean realmente necesita es tiempo para recomponer esa confianza perdida. Pide una tregua, un pequeño respiro para volver a creer en sí mismo porque ese talento sigue allí esperando salir a brillar nuevamente.

