La historia del viejo y abandonado cuartel de Son Busquets sigue dando de qué hablar. Desde que el SEPES, la entidad encargada del suelo en España, anunció planes para transformar este espacio en viviendas asequibles, la preocupación ha crecido entre los vecinos. Con una inversión de más de 80 millones de euros y un ambicioso proyecto urbanístico en mente, la realidad del lugar se complica al conocer rumores sobre okupas merodeando por sus alrededores.
Un entorno tenso y vigilado
Los vecinos no pueden evitar sentir inquietud. Algunos han visto a personas «sospechosas» acercándose a los accesos, especialmente desde la carretera de Valldemossa. «Llevamos tiempo viendo a gente buscando cómo entrar», comenta una vecina que prefiere mantenerse anónima, mientras los sistemas de seguridad se instalan para proteger el recinto. Entre sensores y vallas, el ambiente se vuelve cada vez más opresivo.
A pesar de las medidas tomadas, hay quienes intentan saltar las barreras y acceder a lo que queda del antiguo centro penitenciario. Y es que no solo hay preocupación por la seguridad; también está presente un sentido de comunidad entre los residentes que observan con desconfianza cualquier movimiento extraño.
Las alarmas han sonado fuerte cuando algunos han notado a un hombre viviendo en condiciones lamentables dentro de una garita. Su situación es un reflejo crudo de lo que ocurre en ese rincón olvidado: mientras unos sueñan con un futuro mejor, otros enfrentan su día a día entre sombras.
Este viejo cuartel no solo representa una oportunidad para mejorar la oferta habitacional en Palma; es también un símbolo del choque entre desarrollo urbano y las duras realidades sociales que persisten en nuestra sociedad. Mientras tanto, seguimos esperando respuestas claras sobre el destino final de Son Busquets, un espacio cargado de historia y ahora lleno de incertidumbre.

