En el corazón de Palma, la vieja cárcel se ha convertido en un verdadero fortín. La Policía Local hace su trabajo, vigilando el acceso principal por la carretera de Sóller y manteniendo un control especial en el portón trasero de Cas Capiscol. Sin embargo, entre las sombras del edificio deteriorado, emergen historias inquietantes que revelan cómo algunos consiguen entrar y salir sin que nadie los controle.
La realidad dentro de sus muros
Algunas personas que aún habitan este lugar han compartido sus experiencias. En un censo elaborado por el Ajuntament, se contabilizaron 206 inquilinos en su interior, a quienes pronto les notificarán sobre su desalojo. Pero lo sorprendente es que hay quienes afirman haber visto a otras personas cruzar esos límites sin ser registrados o identificados por la policía. «Aquí ha entrado gente sin que la controlen», confiesa uno de los ‘resistentes’, señalando los puntos más vulnerables donde la vigilancia flaquea.
Parece que en las noches oscuras, cuando la visibilidad es escasa, algunas puertas desde la carretera de Sóller se convierten en pasajes secretos para aquellos dispuestos a desafiar el orden. Dos jóvenes magrebíes comparten su resignación: «He visto a gente saltar y pasar por delante… total, nos van a echar pronto». Una mezcla de incertidumbre y aceptación ante una situación precaria que parece no tener fin.
Afuera, una patrulla policial refuerza los accesos principales mientras un equipo de emergencias de Bomberos está listo para actuar ante cualquier eventualidad; recordemos que aquí ya han ocurrido varios incendios que aceleraron el proceso hacia el desalojo. Los controles seguirán hasta que todos hayan abandonado este recinto olvidado por muchos pero habitado por otros tantos.
A medida que avanza este proceso, queda claro que detrás del aparente control hay grietas y fallos en la seguridad; una realidad compleja donde lo visible contrasta con lo oculto. Con cada día que pasa, las historias de estos inquilinos resuenan más fuerte entre las paredes desgastadas de esta antigua cárcel palmesana.

