En medio de un mar de incertidumbres, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha lanzado la idea de una «adquisición amistosa» de Cuba. Lo curioso es que esta vez parece contar con la complicidad de las autoridades cubanas. En sus propias palabras, «el Gobierno cubano está conversando con nosotros». Pero no nos engañemos, esto suena más a un juego político que a una verdadera negociación.
Un cambio en el aire
Trump menciona que los problemas económicos en la isla son serios: «No hay dinero y no hay nada», dice él. Sin embargo, asegura que las conversaciones están fluyendo y eso podría abrir la puerta a lo que él llama una «adquisición amistosa». Es un término curioso, por cierto; parece sacado de un manual financiero donde se habla de fusiones y compras corporativas.
A medida que avanza su discurso, Trump hace referencia a las décadas de presión estadounidense para lograr un cambio en el gobierno cubano. Casi 70 años de bloqueo han dejado huella en ambos lados del estrecho. «Todos quieren que cambie», comenta él mientras mira al horizonte en busca de un futuro brillante. Pero claro, no menciona el reciente tiroteo que dejó cuatro muertos en aguas cubanas; ese detalle parece haber quedado fuera del guion.
Ciertamente, muchos cubanos en EE.UU. sueñan con regresar a su tierra natal. La situación actual les genera esperanza y miedo al mismo tiempo; esa mezcla explosiva siempre presente cuando hablamos del futuro político del país caribeño.

