En un contexto de tensión creciente, la ONU ha instado este viernes a que se busque la calma en medio del enfrentamiento violento que está sacudiendo las fronteras entre Pakistán y Afganistán. Tras una jornada intensa de ataques por parte de las fuerzas afganas, el gobierno paquistaní ha decidido declarar una “guerra abierta” contra los talibanes, desencadenando bombardeos sobre ciudades como Kabul y Kandahar.
Richard Bennett, relator especial de la ONU para Afganistán, no ha dudado en hacer un llamado claro: “Una desescalada inmediata es esencial”. En su mensaje, subrayó la importancia de respetar el Derecho Internacional y proteger a los civiles atrapados en esta vorágine de violencia. Y es que las consecuencias son devastadoras; más de 130 supuestos talibanes han perdido la vida en los ataques paquistaníes durante una operación denominada ‘Ira de la Verdad’, pero ¿cuántos más son solo números sin rostro?
Sangre y desesperación al otro lado de la frontera
A pesar de las afirmaciones del portavoz talibán Zabihulá Muyahid negando víctimas civiles, las cifras hablan por sí solas. Las autoridades afganas sostienen que sus propios ataques han dejado más de 50 militares paquistaníes muertos. Este ciclo parece no tener fin, ya que todo comenzó cuando Afganistán llevó sus denuncias al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas sobre bombardeos previamente realizados por Pakistán.
El gobierno islamabadí justifica sus acciones argumentando que están atacando campamentos terroristas vinculados con el grupo Tehrik-i-Taliban Pakistan (TTP) y con el Estado Islámico, una respuesta a recientes ataques suicidas en suelo paquistaní. Pero mientras tanto, ¿qué pasa con los civiles? En este juego político y militar lo único que queda claro es que hay familias sufriendo en ambos lados del conflicto.

