En una escalada de tensiones que no parece tener fin, los talibanes han anunciado este jueves el inicio de operaciones militares contra instalaciones del Ejército paquistaní. Según Zabihulá Muyahid, portavoz del grupo, estas acciones son en respuesta a lo que ellos consideran «reiteradas violaciones fronterizas» por parte de Pakistán. No es un tema menor, ya que las consecuencias pueden ser devastadoras para ambos lados.
Una frontera en llamas
La Línea Durand, esa línea divisoria que ha sido objeto de disputa desde su establecimiento en 1893, vuelve a cobrar protagonismo. Con más de 2.600 kilómetros que separan Afganistán y Pakistán, este límite geográfico ha sido un foco constante de conflictos y desavenencias entre comunidades pashtunes y baluches que habitan ambas naciones.
Las autoridades afganas afirman haber tomado el control de hasta 15 puestos fronterizos en varias provincias como parte de estas nuevas ofensivas. Se dice que las fuerzas afganas actuarán bajo la oscuridad nocturna para eliminar cualquier amenaza. Pero detrás de esta retórica militarista hay un trasfondo mucho más humano: familias desplazadas y vidas perdidas.
No podemos olvidar el trágico episodio del 23 de febrero, cuando Pakistán lanzó bombardeos sobre territorio afgano, dejando un saldo desgarrador de más de diez civiles fallecidos según denuncias afganas. Todo esto en medio de una lucha interna donde los talibanes se enfrentan no solo a sus rivales paquistaníes sino también a grupos terroristas como el Tehrik-i-Taliban Pakistan (TTP) y el Estado Islámico.
A medida que los ecos del pasado resuenan con cada disparo, es crucial recordar que detrás de cada número hay una historia humana llena de sufrimiento y esperanza por la paz en una región desgastada por décadas de conflicto.

