La historia de Punch, el mono japonés que conquistó las redes aferrándose a su peluche, ha dado la vuelta al mundo. Pero tras esa imagen entrañable se oculta una realidad desgarradora. PETA, la organización que defiende los derechos de los animales, ha hecho un llamamiento urgente para trasladar a este pequeño macaco a un santuario donde pueda vivir en condiciones dignas y rodeado de otros como él.
Jason Baker, presidente de PETA Asia, no se ha cortado al hablar del asunto: “Punch debería crecer entre su familia, aprendiendo a socializar y explorando un entorno natural, no buscando consuelo en un juguete en un triste pozo de cemento”. Sus palabras resuenan con fuerza y nos hacen reflexionar sobre lo que realmente significa tener una vida plena.
El sufrimiento detrás de la fama
Punch llegó al zoológico de Ichikawa tras ser rechazado por su madre nada más nacer. Desde entonces, el personal del zoológico le proporcionó un peluche que ha servido como su madre sustituta. Sin embargo, esta situación idealizada es solo eso: una ilusión. El pequeño ha sido objeto de atención mediática por su vinculación con el peluche, pero lo que muchos ven como adorable es en realidad un reflejo del trauma que vive diariamente.
Recientemente, surgieron videos preocupantes donde se mostraba a Punch siendo agredido por otro macaco. Aunque el zoológico argumentó que fue un incidente aislado durante su intento de socialización, queda claro que estos episodios son alarmantes y ponen en tela de juicio la ética detrás del cautiverio animal.
PETA insta al zoológico a tomar responsabilidad y actuar humanamente trasladando a Punch a un lugar donde pueda realmente sanar y desarrollarse sin las limitaciones del cautiverio. ¿Es demasiado pedir?

