Cultura

Pablo Carbonell: ‘El teatro es para reflexionar y reír a carcajadas’

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En el corazón de València, se alza el Teatro Flumen, donde el actor Pablo Carbonell, acompañado de Pastora Vega, lleva a escena la obra ‘Género de dudas’. Este proyecto, dirigido por Gabriel Olivares y adaptado de la exitosa producción francesa de Jade-Rose Parker, no solo promete risas, sino también una profunda reflexión sobre la hipocresía y las contradicciones que nos rodean. La obra se podrá disfrutar los días 23 y 24 de enero.

Un personaje lleno de matices

Pablo, originario de Cádiz y con una carrera llena de altibajos, ha encontrado en su personaje un verdadero reto. “Soy especialista en interpretar imbéciles”, confiesa con humor. “Pero aquí tengo que ser un tirano histérico que no puede caer mal”. En esta nueva faceta, se enfrenta a la complejidad del poder, mostrando un lado que pocos han visto hasta ahora.

Carbonell describe su papel como un político atrapado en una doble vida: “Cuando sale a la calle es uno, pero en casa es otro completamente diferente”. Esta dualidad le permite explorar temas profundos sobre identidad y cómo nos mostramos ante los demás. “La obra te hace salir pensando y riendo”, añade con sinceridad. Desde la perspectiva del actor, esto recuerda las enseñanzas de los griegos: el buen teatro siempre va cargado de ironía.

A medida que avanza el ensayo, Carbonell revela que cambiar su postura física ha sido parte del proceso. “Perdí catorce kilos solo por sentarme como un hombre poderoso”, dice entre risas. Esa transformación no solo afecta su cuerpo; también impacta su interpretación.

Sorprendentemente, lo más fascinante es cómo esta relación con Julia—el personaje interpretado por Vega—se convierte en una lucha constante por el poder. “Es muy divertido experimentar diferentes enfoques”, comenta Carbonell sobre los ensayos dirigidos por Olivares. Con cada ensayo aprende algo nuevo e inesperado.

A lo largo de nuestra conversación, Pablo habla abiertamente sobre las contradicciones inherentes a Francisco. “Es casi irónico mantener una vida estable mientras se vive sumido en la hipocresía”. El público puede sentir esa tensión cuando Francisco interactúa con él mismo y con el público directo: “Es brutal ver cómo ese cínico provoca risas”. Así es como logra conectar con la audiencia.

“Esta obra habla del respeto absoluto hacia todos”, destaca Carbonell al referirse a los temas delicados tratados en escena. La historia da voz a cuestiones complejas como la identidad de género sin caer en clichés vacíos o prejuicios.

Cada representación genera reacciones profundas; muchos espectadores salen diciendo que han disfrutado mucho pero también reflexionan sobre lo escuchado dentro del teatro: “Cuidado con lo que se dice ahí dentro”, comparten algunos tras las funciones.

Pablo concluye nuestra charla reconociendo su alegría por seguir trabajando en este sector tan cambiante. A sus 63 años encuentra satisfacción en cada nuevo reto que enfrenta, equilibrando su amor por el teatro y el rock and roll como si fuera un baile perfecto entre dos mundos distintos pero complementarios.

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