En el corazón de Palma, encontramos Arxiduc, un barrio que parece tenerlo todo: una ubicación inmejorable y un ambiente que debería ser tranquilo. Pero, ¿qué está pasando en este lugar? La realidad es que los vecinos están cansados de lidiar con problemas diarios que van desde el ruido insoportable hasta la creciente suciedad.
La lucha diaria por recuperar la tranquilidad
Arxiduc, famoso por su calle Arxiduc Lluís Salvador, se ha convertido en un imán para una serie de problemáticas que frustran a sus habitantes. La Associación de Veïnats Es Capitol, dirigida por María Isabel Cervilla, agrupa a casi un centenar de socios que han decidido alzar la voz. «Ya no podemos más», dicen los residentes. Las calles se llenan de turistas y nuevos negocios, pero eso ha llevado a la desaparición progresiva de los comercios tradicionales.
Las actividades comunitarias como talleres de yoga o fiestas populares parecen no ser suficientes para contrarrestar las molestias. Mientras tanto, los centros educativos y sanitarios crecen en número pero no en capacidad; cada vez hay más vecinos pero menos servicios. Y claro, piden cambios: más autobuses en las líneas 10, 11 y 22 y mejoras en aparcamiento.
Pero lo que realmente les quita el sueño son los ruidos provocados por algunos locales de ocio en las calles Rey Sancho y Pablo Iglesias. A pesar de sus múltiples denuncias, sienten que nadie hace nada al respecto. «Pedimos insonorización y control sobre el aforo», claman. Además, con el auge del alquiler turístico, estos pisos contribuyen al desorden generalizado: ruidos hasta altas horas y terrazas invadiendo espacios públicos.
El panorama no termina ahí; hay una sensación palpable de incivismo flotando en el aire. Espacios como Plaza Fleming se han transformado en puntos críticos donde la gente consume alcohol sin pudor alguno. Esto afecta incluso a la emblemática pista polideportiva del Capitol, un lugar familiar que ahora huele a orines debido a comportamientos inapropiados.
La falta de limpieza es otro tema recurrente entre los vecinos. Aunque Emaya está presente, muchos aseguran que hace falta más atención: contenedores insuficientes y papeleras rebosantes son sólo algunas quejas comunes. “Los dueños de mascotas deben ser responsables”, comentan resignados mientras ven cómo esos excrementos aparecen sin aviso previo.
A esto se suma una inquietud constante sobre seguridad; la ausencia del Policía de Barrio agrava aún más la situación. Por si fuera poco, proponen nuevas medidas como pasos peatonales o semáforos para mejorar su día a día.
Para rematar su agenda reivindicativa están organizando una recogida de firmas demandando una fuente pública en Plaza Fleming y sugiriendo plantar más árboles para embellecer su entorno tan descuidado últimamente.

