En un giro inesperado, el Gobierno danés ha recibido con aplausos la decisión de Estados Unidos de restringir su polémica visita a Groenlandia. Esta noticia llega en un momento delicado, especialmente tras las inquietantes declaraciones del expresidente Donald Trump sobre la posibilidad de que Washington pretendiera hacerse con el control de la isla. El drama se desarrolló cuando se anunció que Usha Vance, esposa del vicepresidente estadounidense JD Vance, tenía previsto llegar este jueves para explorar «lugares históricos» y asistir a la tradicional carrera de trineo tirado por perros, conocida como Avannaata Qimussersu.
Un cambio que calma las aguas
Pero todo dio un vuelco el martes, cuando Vance decidió unirse a la delegación que visitará la Base Espacial Pituffik. Este cambio no solo implica una reunión con el personal estadounidense destacado allí, sino que deja atrás cualquier plan de interacción directa con la sociedad groenlandesa. El ministro de Exteriores danés, Lars Lokke Rasmussen, no pudo ocultar su satisfacción: «Es muy positivo que los estadounidenses cancelen su visita a la sociedad groenlandesa», aseguró en una entrevista para DR. Y es que esta decisión parece ser un movimiento astuto por parte de las autoridades norteamericanas para disminuir tensiones mientras aparentan lo contrario.
A través de un vídeo en X, Vance explicó su decisión: «Ha habido tanta agitación con la visita de Usha a Groenlandia este viernes que he decidido que no quería que se divirtiera sola». Además, expresó su preocupación por la seguridad en una isla que considera amenazada por otros países. En contraste, horas antes del comunicado del vicepresidente, la primera ministra danesa Mette Frederiksen había dejado claro que la presión ejercida por Estados Unidos sobre Groenlandia era «inaceptable», mientras el primer ministro groenlandés saliente Mute Egede denunciaba lo que él considera injerencia extranjera por parte de la Administración Trump.