Este jueves, la Audiencia de Palma ha sido testigo de un desenlace que nos deja sin palabras. Cinco hombres han sido condenados por introducir nada menos que 1.700 kilos de hachís en la primera narcolancha interceptada en Mallorca. Los tres tripulantes marroquíes, con edades entre 30 y 34 años, han aceptado una pena de cuatro años y medio de prisión, además de una multa exorbitante: 23 millones de euros cada uno. No están solos; también los dos cómplices encargados de recoger la droga se llevan cuatro años y la misma sanción económica.
Caminos peligrosos y decisiones arriesgadas
Toda esta historia comenzó en abril del 2023. Estos acusados planearon introducir fardos de hachís en Mallorca para luego distribuirlos por diferentes puntos estratégicos de la isla. La Fiscalía relata cómo estos tres marroquíes navegaron desde el norte de África hasta Cala Sa Nau, desembarcando un total de 31 fardos.
Aquí es donde se complica aún más el asunto: dos hombres, uno español y otro argentino, tenían el papel logístico bien definido. Se aseguraron no solo del transporte seguro de la droga, sino que incluso prepararon víveres y combustible para garantizar el regreso a casa tras su “trabajo”. ¿Pero pensaban realmente que todo iba a salir sin problemas?
A las 4:00 horas del 21 de abril, los marroquíes llegaron a la playa. Lo que parecía un plan bien ejecutado pronto se convirtió en un caos cuando fueron sorprendidos por agentes de la Guardia Civil. Al verlos acercarse, intentaron escapar lanzando parte del hachís al agua mientras navegaban mar adentro.
Pese a su intento desesperado por evadir a las autoridades, fueron alcanzados en Cala Gran. Los investigadores encontraron toda clase de objetos incriminatorios en su embarcación: teléfonos móviles, GPS e incluso un maletín para detectar dispositivos electrónicos.
Aún hay más: tras una búsqueda posterior en Barcelona, hallaron 400 euros y hasta siete kilos de marihuana en casa de uno de los acusados. Este giro inesperado nos recuerda lo intrincadas que pueden ser estas redes delictivas.
No podemos dejar pasar este hecho como si nada; cada día las costas españolas son escenario no solo del turismo masivo sino también del peligroso juego del narcotráfico. Y mientras algunos siguen llenando sus bolsillos a costa del sufrimiento ajeno, otros luchan incansablemente para detenerlo.