En un giro más del complejo rompecabezas que es Oriente Medio, las Fuerzas de Defensa de Israel han hecho sonar las alarmas este lunes con un bombardeo dirigido a posiciones militares en el noreste de Siria. Este ataque, que se concentra en la zona de Qardaha, está vinculado al antiguo régimen de Bashar al Assad, quien fue depuesto a finales del año pasado por una ofensiva rebelde. Y mientras los ecos de esa revuelta aún resuenan, el actual líder del país, Ahmed al Shara, asume el control.
Un nuevo capítulo en la historia bélica
El ejército sirio ha confirmado que los ataques se han focalizado en uno de los últimos bastiones de aquellos leales a Al Assad, quienes ahora viven exiliados, algunos incluso refugiados en Rusia tras la derrota sufrida ante fuerzas como Hayat Tahrir al-Sham (HTS). En un comunicado escueto pero contundente, las FDI afirmaron: «Con base en los recientes acontecimientos en la región, decidimos atacar esa infraestructura. Seguiremos vigilando lo que ocurre y haremos lo necesario para proteger a nuestros ciudadanos».
No obstante, el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos, con sede en Londres y que cuenta con informantes dentro del país, reporta explosiones cerca del puerto de Tartús, ubicado varios kilómetros al sur del área bombardeada. La población civil ha recibido alertas a través de sus móviles y se han escuchado fuertes explosiones coincidiendo con el vuelo de aviones desconocidos. «Se levantaron columnas de humo» tras estas detonaciones, denuncian desde el Observatorio.
Aunque el caos parece ser la única constante en esta región tan convulsa, es evidente que cada acción trae consigo nuevas repercusiones y aumenta las tensiones entre naciones. Como siempre, detrás de cada noticia hay vidas humanas afectadas y una historia esperando ser contada.

