Al borde de la carretera que une Palma y Calvià, el Coll de Sa Creu se presenta como un lugar idílico. Pero tras esa fachada, hay una realidad preocupante. Este rincón, además de estar cerca del acuartelamiento Jaume II, ha sido víctima del incivismo que parece no tener límites. ¿Cómo es posible que una zona tan hermosa haya caído en la trampa del monocultivo turístico? La respuesta está clara: algunos ciudadanos han decidido que este espacio rural es el lugar perfecto para tirar a la basura sus residuos.
Un espectáculo lamentable
A lo largo de esta carretera, los conductores y ciclistas son recibidos por un panorama desolador. En varios puntos, especialmente en los tramos iniciales, la naturaleza cede ante montones de desechos: desde restos de obras hasta botellas plásticas colgando de los árboles. Es casi como si alguien hubiera planeado dejar todo eso allí, sin ningún tipo de respeto por el entorno. Y claro, al descender hacia Calvià, uno puede toparse con un coche volcado y abandonado desde hace años. ¿Dónde están las autoridades?
La cercanía a Palma y la tranquilidad del entorno parecen dar alas a quienes deciden aprovechar la soledad para dejar su huella negativa. A menos de unos días del inicio de la temporada turística, este lugar debería ser un atractivo para cicloturistas y senderistas, pero lo que les espera es una mala imagen que ni siquiera debería existir en un pulmón verde como este.
Y no podemos olvidar esos pequeños detalles que cuentan mucho: una bolsa plástica colgada de un árbol recuerda a todos aquellos espectadores que asistieron recientemente a un rally automovilístico aquí; su paso dejó más que solo recuerdos divertidos… Un verdadero caos ambiental en el corazón de nuestra tierra.