En un momento crítico para el Real Zaragoza, la figura de Samed Bazdar se presenta como una espada de doble filo. Este delantero, que ha pasado de ser una promesa a cargar con la responsabilidad ofensiva del equipo, parece estar atravesando un desierto emocional y futbolístico. Sin Dani Gómez por sanción y con Mario Soberón relegado al banquillo, las miradas están puestas en él mientras se prepara para enfrentar al Granada.
El despertar que nunca llegó
Bazdar comenzó la temporada como un auténtico cohete, acumulando ya cuatro goles en la jornada 11 y formando una dupla prometedora con Iván Azón. Pero desde que el canterano se marchó y tras su reciente nacionalización bosnia, algo ha cambiado. Una lesión lo mantuvo alejado del campo durante un mes y, desde entonces, ha sido difícil reconocer al jugador que deslumbró en sus primeros partidos. No marca desde octubre y cada oportunidad fallida pesa más sobre sus hombros.
A pesar de estos altibajos, su entrenador Miguel Ángel Ramírez, lejos de desesperarse, le anima a ser más proactivo en el área rival. “Quiero que sea más rematador”, repite Ramírez en las ruedas de prensa, aunque sabe que Bazdar disfruta bajando a recibir balón. El club necesita desesperadamente que recupere esa chispa del pasado; es hora de dejar atrás este bazar de dudas y volver a ser el jugador decisivo que todos esperan.
Por si fuera poco, los problemas no acaban ahí: Lluís López se queda fuera del partido debido a lo que podría ser una lesión muscular. A medida que los jugadores van cayendo como piezas de dominó, Ramírez considera ajustar su táctica hacia un sistema defensivo más sólido. Sin embargo, la presión sigue aumentando sobre los pocos jugadores disponibles para mantener viva la llama del fútbol en Zaragoza.