«Tenía diez llamadas perdidas de la central de alarmas y, al llegar, me encontré el desastre». Estas palabras resonaron con fuerza en la sala del juicio, mientras la propietaria de un restaurante en Valldemossa narraba cómo descubrió que su negocio había sido blanco de una banda de ladrones. Aquella mañana, todo comenzó cuando se despertó a las 6:30 horas y vio que desde las 3:30 ya estaba recibiendo avisos. Sin tiempo que perder, corrió hacia su local y lo que encontró fue desgarrador: la puerta hecha añicos, la caja registradora desaparecida y fragmentos de vajilla esparcidos por el suelo.
Un grupo organizado detrás del caos
No fue solo ella quien sufrió este asalto. Durante el juicio, varios propietarios de comercios y ciudadanos afectados compartieron sus angustiosos relatos sobre los robos perpetrados en distintos municipios de la Part Forana entre febrero y marzo. Agentes de la Guardia Civil también tomaron la palabra para explicar cómo las cámaras de seguridad y las publicaciones imprudentes de los sospechosos en redes sociales les ayudaron a seguir el hilo conductor del caso.
La investigación se activó después de una racha alarmante de robos en bares y vehículos; algunos días llegaron a contabilizar hasta ocho incidentes. La conexión entre ellos era evidente. Un vistazo a las grabaciones del establecimiento Cappuccino permitió identificar a algunos sospechosos que ya estaban en el punto de mira por delitos anteriores. Desde ahí, comenzaron a analizar sus perfiles en redes sociales donde colgaban fotos e incluso vídeos relacionados con sus fechorías.
Utilizando coches robados como medio para moverse, estos ladrones cambiaban las matrículas para evitar ser reconocidos; siempre iban equipados con pasamontañas, capuchas y guantes. Según los informes, incluso alcanzaron velocidades vertiginosas al volante. Cada miembro tenía su función definida: unos conducían, otros se metían en los locales con herramientas como palancas o patas de cabra mientras otros hacían vigilancia.
Los investigadores lograron rastrear uno de los teléfonos móviles vinculados a uno de los acusados gracias a una conexión Bluetooth encontrada en un coche sustraído localizado en Sóller. Además, un vídeo publicado por otro sospechoso reveló detalles sobre su domicilio, permitiendo así dar otro paso más hacia su captura.
El Ministerio Fiscal ha solicitado penas que suman un total escalofriante: 56 años para seis individuos argelinos procesados por alrededor de veinte robos atribuidos por la Guardia Civil en diferentes puntos de Mallorca. Detenidos desde febrero tras una operación del Área de Investigación del Pont d’Inca, estos sujetos permanecen bajo prisión provisional enfrentándose ahora no solo a cargos por robo sino también por falsedad documental y delitos contra la seguridad vial.
A medida que avanza el proceso judicial, se espera que continúe este viernes con más declaraciones. El eco del miedo aún resuena entre quienes han vivido esta pesadilla.

