La historia que nos llega desde Palma es digna de una película de intriga. Este pasado miércoles, la Policía Nacional hizo una detención que ha dejado a muchos boquiabiertos: un técnico de mantenimiento de cajeros automáticos fue apresado tras haber desviado nada menos que 146.000 euros mientras estaba en plena faena laboral.
Este individuo no es cualquier criminal; su andanza delictiva comenzó en mayo y se extendió hasta este mismo mes, acumulando una serie de hurtos que han puesto en jaque a una conocida entidad bancaria. El director de seguridad operativa se dio cuenta del desajuste y alertó a las autoridades, lo que llevó al Grupo de Delincuencia Económica y Delitos Tecnológicos a investigar.
Sospechas que crecen
A medida que los agentes profundizaban en el asunto, las sospechas comenzaron a concentrarse sobre la empresa encargada del mantenimiento. En particular, un sucursal del distrito Oeste fue el escenario donde se contabilizaron pérdidas alarmantes: alrededor de 10.000 euros en solo tres meses. Y todo apuntaba al mismo trabajador, quien estaba presente cada vez que ocurrían los misteriosos descuadres.
Poco después, al analizar las grabaciones de seguridad, quedó claro lo que sucedía: el técnico aprovechaba su acceso para sustraer grandes cantidades de billetes y escondérselas sin levantar sospechas. La escena era casi cinematográfica; él actuaba como si nada pasara mientras llenaba sus bolsillos y su caja de herramientas con dinero ajeno.
Finalmente, cuando el cerco se cerró y las pruebas eran irrefutables, la Policía organizó un operativo para atraparlo in fraganti. A las 11:00 horas del miércoles, cayó la trampa mientras realizaba otra supuesta tarea rutinaria en un banco del centro de Palma.
Una situación increíble pero real que nos recuerda cómo hasta los lugares más seguros pueden convertirse en escenarios inesperados para el delito. La pregunta queda flotando en el aire: ¿hasta dónde puede llegar alguien con intenciones oscuras?

