El pasado martes 6 de octubre, una tarde que debería haber sido tranquila se tornó en un auténtico caos en una tienda de cosmética de la Avinguda de Jaume III. Allí, las empleadas se encontraron cara a cara con un joven vestido de mujer que, lejos de probarse maquillaje como era su intención inicial, terminó agrediendo a una de ellas. Las secuelas fueron visibles: lesiones en el hombro, costillas y la cara.
Una de las trabajadoras recuerda con angustia lo sucedido: «Yo estaba en el almacén cuando mi compañera entró corriendo. Me dijo ‘ha entrado el chico este y viene a robar otra vez’. Sabíamos quién era; ya nos había dado problemas antes. Descolocaba productos, robaba y ensuciaba todo a su paso». En ese momento, la plantilla sabía que tenían que actuar.
El enfrentamiento inesperado
A las 18:30 horas, la trabajadora decidió enfrentarse al joven y le pidió que se marchara «amablemente», pero eso solo encendió la ira del chico. «Empezó a insultar a mi compañera con barbaridades», continúa relatando la afectada. Cuando ella intervino pidiéndole respeto, él no tardó en arremeter contra su físico y comenzó a lanzar productos hacia ella: «Me tiró una laca de uñas al ojo y luego otro bote me golpeó en la cabeza». Un desenlace totalmente inesperado.
Las empleadas intentaron contactar con la policía varias veces mientras el ambiente se tornaba más tenso. Finalmente, llegó una patrulla para ayudarles. Pero antes de eso, el chico mostró su verdadero rostro: «No quería irse. Cuando me acerqué para intentar calmarlo, vino hacia mí y me pegó una patada en las costillas». La brutalidad del momento dejó a todos estupefactos; incluso hubo clientes que intentaron ayudarla mientras el agresor desaparecía por la puerta.
La víctima fue trasladada al hospital para atender sus lesiones físicas. Aún conmocionada por lo ocurrido confesó: «Nunca pensé que me pasaría algo así. Ahora tengo miedo; incluso he pedido apoyo porque no quiero estar sola aquí». El temor es palpable entre las trabajadoras: han solicitado mayor presencia policial después de esta experiencia aterradora.
«Llamamos varias veces tanto a Local como Nacional y cada segundo sin respuesta se sentía eterno», añaden con preocupación. Ellas solo quieren trabajar sin miedo a ser víctimas nuevamente.

