En una jornada marcada por la controversia, el ministro de Cultura de Israel, Miki Zohar, ha lanzado un ataque directo a los cineastas Yuval Abraham y Rachel Szor. ¿La razón? Su aclamado documental ‘NAZA’, que pone bajo la lupa el uso de inteligencia artificial por parte del Ejército israelí en ataques aéreos que han causado muertes civiles en Gaza. Este domingo, Zohar no se contuvo al calificar la obra como una traición a su patria.
“El abrasador odio por sí mismos de los productores es inconcebible”, afirmó Zohar, añadiendo que buscan el aplauso de quienes critican a Israel en lugar de defenderlo. Con estas palabras, dejó claro que está decidido a actuar con firmeza: “Voy a revocar la ciudadanía israelí a estos despreciables directores”.
Un reconocimiento incómodo
‘NAZA’ ha logrado destacarse en el Festival Internacional de Cine de Venecia, donde recibió el Premio Especial del Jurado. Este título hace alusión al eufemismo empleado por los servicios secretos israelíes para referirse al número estimado de civiles que podrían morir en un ataque aéreo. No es la primera vez que Abraham y Szor provocan reacciones intensas; anteriormente, trabajaron junto a cineastas palestinos en ‘No Other Land’, que fue galardonada con un Oscar.
Este episodio resuena profundamente en la comunidad cultural y plantea preguntas difíciles sobre la libertad artística y los límites del patriotismo. En un mundo donde las voces disidentes son cada vez más silenciadas, ¿hasta dónde estamos dispuestos a llegar para proteger nuestra narrativa?

