En la madrugada del 12 de septiembre, el distrito de Saravan, en la provincia de Sistán y Baluchistán, se convirtió en escenario de un violento enfrentamiento que dejó a cuatro presuntos «terroristas» y tres miembros de las fuerzas de seguridad sin vida. La noticia, que no es fácil de digerir, fue anunciada por la Guardia Revolucionaria iraní, quien detalló cómo un equipo terrorista profesional intentaba llevar a cabo acciones violentas cuando fueron sorprendidos por la operación.
Un conflicto latente
Según el comunicado oficial, los enfrentamientos no solo arrasaron a los atacantes; también se incautaron armas y explosivos. Mientras tanto, desde la Guardia Revolucionaria se lanzan acusaciones graves hacia Estados Unidos y lo que ellos llaman el “vil régimen sionista”, afirmando que tras su derrota militar han instigado a grupos terroristas para generar caos en esta región. Todo esto ocurre mientras los medios opositores informan que los combates empezaron antes del amanecer y continuaron durante horas, extendiéndose incluso hasta la Gran Mezquita de Madani.
Aquí, donde reside una minoría baluche sunnita frente a una mayoría chií iraní, las tensiones son palpables. Esta zona no es nueva en conflictos armados; tiene una historia marcada por insurrecciones. Así se dibuja un cuadro inquietante en una parte del mundo donde la violencia parece ser cada vez más común.

