Una jornada más y un punto más, pero seamos sinceros, esto sabe a muy poco. El partido contra el Eldense se presentaba como una oportunidad dorada para brillar, sobre todo porque, mirando la tabla y las alineaciones, está claro que no son rivales directos en la lucha por el ascenso. El Mallorca de Luis García contaba con ocho jugadores de Primera División y uno de la Serie A, mientras que el Eldense se apoyaba en futbolistas recién ascendidos desde la Primera Federación.
Expectativas no cumplidas
Desde el inicio, el Mallorca salió con ganas, decidido a llevarse los tres puntos sin dudar. Generaron hasta ocho remates, cuatro de ellos a puerta. Pero el destino tenía otros planes: Ramón Vila se convirtió en una muralla y un penalti fallado por Álex Sala estrelló las esperanzas del equipo contra el poste. Darder y Sala intentaron marcar la pauta del juego, pero hubo algo que faltó: ese colmillo afilado arriba y profundidad por las bandas. Luvumbo estuvo prácticamente ausente durante todo el encuentro.
El Eldense, aunque limitado, mostró una disciplina admirable y supo aguantar cada embestida del rival como pudo. Cada saque de esquina se convertía en un auténtico tormento para Arnau Tenas y su defensa.
Este empate deja sensaciones encontradas. Para el Eldense es casi un triunfo moral haber resistido ante uno de los grandes; para nosotros, los aficionados del Mallorca, queda esa sensación amarga de haber dejado escapar una ocasión de oro. Y lo cierto es que aún quedan varios rivales de este tipo por delante; el próximo será el Sabadell.
La gran pregunta ahora es: ¿seguirá Son Moix siendo ese fortín inexpugnable donde no se regalan puntos? Si la respuesta es afirmativa, tal vez podamos ver este empate bajo otra luz. Pero hoy, al mirar atrás tras el pitido final, hay que admitirlo: este resultado nos deja con ganas de más.

